COMPOSICIÓN CORPORAL

El cuerpo humano se compone anatómicamente de los tejidos muscular, adiposo, óseo, vísceras y piel. Es fundamental entender que estos componentes tienen influencia en el peso corporal, por lo que no parece lógico ni realista centrarse exclusivamente en una estrategia de pérdida o aumento de peso.

La cantidad de masa muscular y de tejido adiposo, así como su distribución en el cuerpo son causa tanto en los factores de riesgo para anormalidades metabólicas (resistencia a la insulina, síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares o diabetes) como en la disminución del rendimiento deportivo.

Por este motivo una pérdida de peso siempre debe llegar por la reducción del tejido adiposo y no por la disminución de otros componentes como el tejido muscular (primordial para la salud), ya que no solo sirve para desplazarnos o mantener la postura, sino que también posee funciones endocrinas, paracrinas y autocrinas que ayudan al normal funcionamiento de otros órganos y tejidos como el cerebro, el sistema cardiovascular o el tejido óseo.

Es importante hacer esta matización ya que una pérdida de peso que tenga como consecuencia una acusada reducción de la masa muscular y un mantenimiento o leve reducción del exceso de tejido adiposo, tendría un efecto perjudicial para la salud.

Al igual que una disminución del peso debe ser siempre consecuencia de una reducción del tejido adiposo, el aumento del peso siempre debería ser consecuencia de un aumento del tejido muscular y no de un aumento en el % de tejido adiposo.

Para poder determinar la cantidad de tejido muscular, tejido adiposo, tejido óseo y visceral se utilizará la antropometría y la bioimpedancia. Estas técnicas nos ayudarán a determinar de una forma más precisa tu composición corporal que si solo analizaramos las variaciones de peso, ya que también nos sirve para ver tu evolución a lo largo de las consultas y así adecuar mejor la planificación nutricional a los resultados.